martes, 16 de junio de 2026

GUÍA DEL PEREGRINO

La peregrinación al Santuario de Nuestra Sra. de Lourdes es el viaje realizado por el creyente católico a este sagrado lugar de devoción. Para realizar una Peregrinación, individual o colectiva, se necesitan dos elementos: El recinto sagrado o Santuario y el peregrino

 El Santuario es ese lugar de culto en torno al cual emana un ambiente gratificante que el creyente percibe  y que le ayuda a acercarse al plano espiritual.

El peregrino, es toda persona que decide realizar el viaje para llegar al Santuario, como una muestra de fe y compromiso con Dios. En algunos casos, el peregrino es un penitente que inicia su trayecto como una manera de reparar sus faltas. También hay peregrinos que desarrollan la expedición a modo de promesa.

 Como, se puede deducir, el peregrino no tiene nada en común con el excursionista o turista religioso que, básicamente, les mueve más la curiosidad que la devoción. Este último, suele aportar muy poco en este entorno, más bien su visión superficial y materialista puede llegar a influir negativamente en el contesto. 

A la mayoría de los seres humanos los avatares de la vida cotidiana (las amistades, la familia, el trabajo, la riqueza, etc.) les absorben de tal manera que aletargan, y hasta impiden en muchos casos, el acercamiento con Dios. Este conflicto, latente en la mayoría de las personas con inquietud espiritual, tiene diversas soluciones, y una de ellas es la Peregrinación.

 Además de los dos elementos necesarios en toda Peregrinación (Santuario y peregrino), para que esta tenga éxito es necesario un tercer elemento que actúe como catalizador que aúne los dos puntos anteriores para provocar la conversión o acercamiento a Dios. Este es distinto para cada persona y cada cual lo tiene que buscar por si mismo (la Gruta, la oración, la soledad, el enfermo, un guía orientador, etc.)

La cumbre de toda peregrinación es la conversión. Las palabras penitencia y conversión son parecidas en la Biblia. Significan volverse hacia. Convertirse es volverse hacia Dios. Ante todo, la conversión no es algo penoso que hay que hacer o vivir, mucho menos es una iniciativa personal. Es un don que recibimos, la mayor parte de las veces con gran sorpresa nuestra.

 El peregrino que logra entablar un diálogo abierto con Jesús y María, consigue la alegría de la conversión. Esos días hay numeroso actos programados con un de nominador común “la oración”. El rezar es el vehículo de unión con Dios. Hay que aprender a rezar y para  ello nada mejor que encontrar esos pequeños lugares, dispersos por todo el Santuario, que recogen el espíritu del peregrino y acercan a Dios. Esta es una gran oportunidad para abrir la puerta de nuestra salvación. Puede  ser el toque para la salvación eterna.

La Virgen está siempre en nuestra presencia acompañándonos durante el recorrido de nuestra vida y nuestro trayecto en este mundo. María está con nosotros para ayudarnos a encontrar el camino de la salvación. Aunque, algunas veces desfallezcamos en la creencia que nos ha abandonado, estar seguros que no es así. En la oración sincera encontramos su aliento y nos reconforta.

 En la Peregrinación debemos abrir el corazón antes que la cabeza. Debemos interiorizar la parábola del “buen samaritano” (S. Lucas, 10, 25), que nos enseña que la caridad y la misericordia son las virtudes que guían a los hombres a la piedad y la santidad. Enseña también que cumplir el espíritu de la ley (el amor), es mucho más importante que cumplir la letra de la ley. 

 Para llegar hasta Dios, primero hay que hacer el bien entre nuestros semejantes. El resumen de los mandamientos dice “amarás a Dios sobre todas las cosas”, y a continuación y no menos importante “amarás al prójimo como a ti mismo”. A su vez el Apóstol Santiago nos dice “la fe sin obras es fe muerta”. 

 La Peregrinación bien enfocada, presenta mucha afinidad con los “ejercicios espirituales” no tanto en la forma como en el fondo. Afinidad que aumenta más con forme se incrementa el factor “catequesis” en aquella.

  Cada peregrinación realizada ofrece matices distintos pero todas tienen un denominador común: La conversión al camino del Evangelio.

A la vuelta de la peregrinación el sentimiento de acercamiento con nuestra vida espiritual está fuertemente acentuado. Lamentablemente la vuelta a la vida habitual va limando, poco a poco, esa vivencia y una de las misiones de esta Hospitalidad es evitarlo y conseguir que el peregrino mantenga viva la llama de Lourdes durante el resto del año, mientras vuelve a llegar la fecha de la nueva Peregrinación. 

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